Yo estoy aquí en Guatemala y mi familia está sembrando y trabajando la tierra. Y digo: «yo también debería estar allí», pero, al final, tu grupo, tu familia, comprenden que es importante que uno esté en donde está para que puedan pasar cosas, para que uno traiga nuevas ideas, propuestas o proyectos para conseguir y desarrollar otros. Eso pasa en el ámbito familiar. Yo también tengo trabajos en los que yo estoy en otro país y les pido a mis hermanos y hermanas que me ayuden a desarrollarlo. Cuando yo lanzo la idea, ellos me dicen:«hagámoslo así», o bien: «nosotros tenemos otras ideas que se pueden hacer de esta u otra manera». O, por ejemplo, yo quiero que este bordado sea de este color, pero ellos me dicen: «¿no crees que, según la idea que tienes y su origen, sería mejor usar otro color?».
Pienso que, como artista y ser humano, uno necesita a los demás. No se puede estar solo. Por ejemplo, cuando cocinan en mi casa, todos quieren compartir la comida, ¿no? Porque se ha preparado con mucho esfuerzo. Averiguar qué cocinar y que todos los ingredientes estén buenos es un trabajo de muchas personas. Todas las cosas provienen de muchos lugares, alguien sembró las semillas, alguien cocinó y después todo se comparte. Para mí, eso es una manera de ver las colaboraciones en el arte: nada se puede hacer solo.
A veces he tenido el deseo de hacer una exposición y de ahí se suman más personas hasta que se vuelve algo mucho más grande que mi deseo. Al final te das cuenta que cada quien hace su parte. Es como compartir la autoría con todos. También, hay que llevar y devolver las cosas a su lugar. A veces en ese proceso, hay menos personas, pero alguien tiene que asumir la responsabilidad y poner las cosas donde estaban. En ese sentido, siento que la colaboración es una cosa que he aprendido con mi familia.
Creo que eso está también relacionado con los procesos y ceremonias mayas: las ofrendas. Al encender un fuego, alguien invoca a todos las energías que existen dentro de la cosmovisión y cada persona trae su propia ofrenda. Es muy interesante porque, a veces, cuando se hace una ofrenda dentro de una institución, la institución compra todo. A veces la gente no lleva nada [risas]. Pero, cuando todos llevan algo, todos tienen algo que decir, algo que compartir o contribuir. Me gustaría que las exposiciones más como estos procesos y ceremonias, paraque la gente comparta lo que siente y lo que piensa que una obra de arte genera.
En la colaboración, hay la libertad de crear sin estar limitado por una sola idea; se puede transformar la misma idea y dejar que se pierda y se transforme. Creo que esto es lo que pasa en Comalapa, donde vivo. Hay mucha gente que hace arte, hay muchos artistas, personas dedicadas a la poesía, al cine, al teatro, a la danza. En un pueblo que tiene tanta gente, todas las familias tienen un artista.
Me invitaron a una exposición en Colombia, en el Museo de Arte Moderno en Medellín. Propuse construir una especie de escuela. En la mesa de los niños solo habría tierra, piedras y un pequeño azadón, elementos que ya conocemos, pero que también desconocemos. Hice unos bordados como fondo. Hablé con los curadores y curadoras y les dije que también me gustaría que hiciéramos una siembra fuera del museo, para que algunas obras no entren al museo, sino que lo trabajen otras personas que no son considerados artistas o buscan la proyección de un artista.
Hablé con el personal del museo y les dije que me gustaría invitar a mi papá para poder desarrollar dos proyectos para la muestra, uno dentro del museo y otro fuera. Fue tan bonito que en los dos proyectos mucha gente se sumó para colaborar y trabajar en ello. Había personas que estaban entusiasmadas de trabajar en la siembra; les llamó mucho más la atención que trabajar dentro del museo. Cuando estábamos ahí trabajando fuera del museo, sembrando, la gente nos decía: «nosotros venimos del campo, siempre hemos hecho este trabajo y nos gusta; es el trabajo que extrañamos al estar en la ciudad». Entonces, cada obra te permite generar un diálogo con la gente. Así, hay obras que son muy interesantes y no necesitan un gran texto para que la gente las entienda, colabore y participe en ellas. Esa es la magia que tienen los proyectos que se desarrollan a través del museo y no entran al museo.
Hice una exposición en Taiwán y la idea era traer el fuego al museo, pero no fue posible. El concepto original era poner fuego debajo de una piedra que estaba suspendida. Primero, me dijeron que se podía hacer, pero al final me dijeron que no se podía. Entonces, me quedé pensando y dije: «bueno, esta idea se puede ir transformando». Debajo de las piedras, puse una olla de agua. Las piedras están suspendidas, pero muy pegado debajo de la piedra pusimos unas pantallas donde se podía proyectar el fuego y a través de las ollas con agua se veía el reflejo. Es otra manera de transportar el fuego que nosotros hicimos en Comalapa. Al final, logramos compartir ese fuego, tal vez no en su esencia, pero a través del arte y la tecnología logramos traducir algunas ideas que pueden conectar directamente con una de las maneras de vivir en Guatemala.
En Taiwán, me preguntaron: «¿por qué el fuego?». El fuego es para que la gente se caliente las manos [risa]. Parece algo tan simple.Tal vez es la misma idea de las ofrendas de piedras y frutas o de la obra que mostramos en SculptureCenter, B’alab’äj (Jaguar Stone, Piedra de jaguar) (2023), una pieza donde había gente ayudándonos a hacer montañas de tierra, gente de Guatemala, México y Venezuela. La gente decía: «¿y esto para qué sirve?». Ahí es donde comienza el trabajo: no se trata solo de contar de dónde vienen las historias, sino contar lo que hacen. ¿Por qué meter tierra adentro de un espacio cultural? En el fondo, todos nos hemos movido por una cuestión de la tierra misma. En Guatemala mucha gente se ha ido porque necesitan un pedazo de tierra. A veces se vende la tierra para irse. Hay muchas historias que se conectan a un solo elemento. La tierra o el agua son elementos por los que la gente se mata y se pelea; te fuerzan a emigrar o a permanecer en tu lugar. Bueno, esos son elementos o experiencias que me han nutrido para pensar en las próximas ideas o proyectos que se vienen también.
También hay una línea de mi trabajo que viene de los sueños y es muy bonita. Los sueños son de las cosas más hermosas porque los traes de un mundo del sueño a la realidad. De repente ves cómo se desarrolla un sueño en un museo o galería. Después, al volver al sueño, se siente como un viaje en el tiempo. Es muy bonito compartir un sueño porque es compartir a través de interpretaciones o experiencias. A veces, se forma una cadena de sueños y lo único que falta es escuchar el sueño de otro y dejar que los sueños se complementen.
Hace algunos años estuve hablando con Paulo Nazareth, un amigo de Brasil, y le dije que tenía ganas de volver a Brasil. Él me contestó: «ah, mira, tengo un cuaderno donde estoy soñando que vengas». Entonces armó un proyecto y me invitó a ir. De repente así pasa, ¿no? En ese viaje, yo me quedé en Brasil mucho tiempo y, mientras estaba allí, mi abuelita falleció. Fue un viaje que me transformó. Quería ir a otro sitio y hacer algo, pero dejé de ver a mi familia y a mi comunidad. Entonces uno dice, ¿para qué es el arte? ¿Es para ir a ver del otro lado o es para estar aquí viendo lo que pasa?
Cuando estaba en ese proceso, entendí muchas cosas sobre cómo conservar la memoria de una persona estando lejos. Tomé muchos apuntes. Hice una antología de recuerdos de mi abuela y de las personas que todavía están vivas. Siento que debo conservar esa memoria porque es lo que queda de las personas, ¿sabes? Solo pensar el tono, el timbre de su voz y decir nunca más lo voy a escuchar. Eso es lo que traduje en mis notas. Es una búsqueda muy bonita. pero no sabes dónde empezar; solamente llegas.
Hay muchos caminos en el proceso creativo. No existe uno solo. Hay un deseo de mantener la memoria de mi familia, de mi pueblo y de mi comunidad. Algunas obras nacen por el puro deseo de experimentar porque me gusta el medio. El deseo de hacer arte viene de muchos caminos, por eso hago trabajos muy diversos. Muchas obras han salido de manera muy espontánea. Hay imágenes que veo y digo: «eso es muy interesante, deberé fotografiarlo». Esa foto se vuelve una memoria de algo que nunca más volveré a ver. Es tener esa sensibilidad de que algo interesante está pasando. A veces, el arte se potencia a través del tiempo porque lo llegas a comprender mejor con el tiempo que cuando está pasando. No hay un camino predestinado por donde ver una idea–es como un regalo de la vida.